#MemoriaActiva Las fuerzas que lastiman

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Por Sammanta Krause para CorriendoLaVoz | Se cumple un año de la represión a los murgueros Los Auténticos Reyes del Ritmo en la villa 1-11-14.  Niños, en su mayoría, de entre 5 y 10 años, fueron baleados por gendarmería en el barrio porteño de Flores.  Tan solo un mes y medio después de la asunción presidencial, ha sido uno de los hechos que marcó una línea importante a la hora de entender el posicionamiento de la política de seguridad del nuevo proyecto político nacional.

Supongamos un relato descontextualizado donde un puñado de hombres armados disparan a un grupo de alrededor 80 niños y algunos adultos. Imaginemos que sus edades van de dos años en adelante, y que realizaban una actividad artística a cielo abierto.  Visualicemos, finalmente, el cierre de ésta escena: once de estos artistas resultaran heridos con balas de gomas y  plomo por una disputa del transitar de la calle que cortaban.

Lo más probable es que nos imaginemos un hecho, por ejemplo, en algún lugar de Phoenix, Arizona, y demos por hecho que las imágenes estarán dando vuelta por el mundo. Pero cuando algo así sucede en la Argentina, sumado que acontece en un barrio pobre, los victimarios resultan ser retratados como víctimas, abalados por un funcionario gubernamental, como es la ministra de Seguridad, que se fotografía junto a ellos en un claro gesto a favor de los uniformados.

Es, entonces, momento de abandonar el relato abstracto que propusimos al comienzo. De contextualizar: ese puñado de hombres son gendarmes y los chicos son varias decenas de pibes y pibas de un barrio vulnerable. El delito: tener una murga, manifestarse artísticamente, salir a la calle hacer ruido.  El resultado: una decena de heridos, entre ellos, un menor de seis años. Sí, SEIS años, baleado en la cabeza por un proyectil de goma.

Tengamos en cuenta, además, que estos heridos llegaron a los ponchazos a la ambulancia. Y no a una cualquiera, sino a una de las que, dada la negativa del SAME de ingresar al barrio, fueron gestionadas por la Corriente Villera Independiente para la villa 1-11-14.  Una camioneta ploteada con los rostros del Che y el Padre Mugica que sostiene la consigna: “Ni un pibe menos”.

Luego llegaría la espera de noticias. Y una absoluta desinformación del Estado sobre los pacientes hospitalizados, el lugar de internación, la cantidad de heridos, el número de gendarmes involucrados, su paradero y demás datos sensibles para la reconstrucción. Es posible, también,  que si no hubiera sido de acceso público por una filmación subida a YouTube poco de lo sucedido hubiera podido salir a la luz

Y, como suele ocurrir en estos casos, el día después y los días después del después fueron los más controversiales. ¿Cómo hace un niño privado de casi todo para argumentar que no merece la bala que amenaza quitarle la vida? La televisión contó que todo era parte de una guerra narco. Los diarios resaltaron que hubo dos gendarmes heridos,  cuyas lesiones habían sido producto de un operativo posterior. Y lo peor de lo peor, el silencio del Estado, un “silencio” plagado de fotos de la ministra asistiendo a los gendarmes en el Hospital Churruca.

No es la primera vez que las fuerzas de seguridad estatales se desatan sobre los sectores populares, como tampoco es la primera vez que en la Ciudad de Buenos Aires se ejecute la represión sin pudor. Sin embargo, la convalidación del Estado Nacional, con la clara representación de la ministra Patricia Bullrich, a semanas de la asunción del primer mandatario Mauricio Macri, mostró de alguna forma la manera en que las fuerzas de seguridad se irían relacionando con los espacios más vulnerables de la sociedad.

Uno más en una larga lista que va desde “los infiltrados” reprimidos de Cresta Roja hasta los inundados ferozmente baleados en Pergamino, la represión sobre “Los Auténticos Reyes del Ritmo” ha sido un hecho sumamente relevante como símbolo del rol que el Estado nacional pretende tener con la ciudadanía. Todo esto acompañado de una clara intención de conseguir consenso en los sectores medios de la sociedad  para apoyar medidas como la militarización de las Villas y el continuo desplazamiento de los pobres hacia las cárceles.

La sucesión de hechos interpela el pedido de la clase medias y de los medios de comunicación que se ofrecen como amplificadores de aquello que alimentan a diario. ¿Qué pedimos cuando pedimos más presencia de las fuerzas de seguridad en los barrios?

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