3%: la apuesta brasilera de Netflix crece cada vez más

Belén Lescano

Belén Lescano

Redactora at Corriendo La Voz
Licenciada en Comunicación Social. Ariana. Fan de los soundtracks. Nolite te bastardes carborundorum.
Belén Lescano

Hace un tiempo Netflix puso el ojo en los talentos de otros países, más allá de Estados Unidos, para producir ficción. Brasil fue uno de los primeros casos con 3%, la serie que nos presenta un mundo dividido en ricos y pobres por un sistema de selección. En la segunda entrega, que cuenta con más escenarios, más acción, más personajes y más secretos que salen a la luz, todo el sistema conocido comienza a cambiar.

La serie creada por Pedro Aguilera se ubica en un futuro distópico al mejor estilo Los Juegos del Hambre y Divergente. La primera temporada nos planteó una realidad desoladora: el 97% de la población (El Continente) vive hundido en la pobreza, el hambre, la enfermedad y la desesperanza, mientras que el 3% restante disfruta de los lujos, riqueza y tecnología avanzada de Alta Mar, un lugar diseñado exclusivamente para unos cuantos elegidos, sólo para quienes “lo merecen”.

Como el eje es la meritocracia, cada año los jóvenes del continente que tienen 20 años deben realizar determinadas pruebas de exigencia mental y física. Atravesar exitosamente este desafío, llamado El Proceso, les permite ingresar a Alta Mar y escapar de su vida anterior llena de miseria y desdicha. Los que quedan eliminados, lejos de eso, no tienen más que volver a la realidad del Continente y enfrentar la vergüenza de no haber sido elegidos.

Pero en todo poder hegemónico hay un poder contrario, una resistencia que se opone a las reglas generales. En este caso, La Causa es un grupo de personas que creen injusta la política del Proceso y lucha constantemente por destruirlo, aunque sin éxito.

El final de la primera entrega sin dudas nos dejó con ganas de más (Si aún no la viste, te recomendamos NO continuar con la lectura): Michele (Bianca Comparato) y Rafael (Rodolfo Valente) lograron pasar las pruebas y van camino a Mar Alto como infiltrados de La Causa, mientras que Joana (Vaneza Oliveira) y Fernando (Michel Gomes) deciden volver al Continente por voluntad propia, sin un rumbo definido.

Rodolfo Valente, Vaneza Oliveira, Bianca Comparato y Michel Gomes protagonizan 3%.

El universo 3% en expansión

Más allá de que la premisa general de la serie resulta familiar porque ya varias películas y series trataron la temática, el misterio que se generó en la primera temporada en cuanto a cómo lucía Alta Mar fue lo que en todo momento mantuvo viva la serie. En este sentido, el comienzo se basó, por un lado, en la idea de esta isla como un lugar perfecto, superior a todo lo conocido, aunque no hubiera ninguna imagen como referencia.

Por el otro, fue atrapante que se centrara de forma detallada en cada una de las etapas del Proceso de los protagonistas. Los grupos, las alianzas, las mentiras, la superación individual. Una de las cosas más interesantes era ver cómo cada prueba modificaba para bien y para mal sus personalidades, los tentaba a cometer trampas y a traicionar sus principios.

En cambio, la temporada estreno amplía el universo conocido. Ya en el primer episodio nos introduce de lleno en Alta Mar, su gente, sus hábitos, sus comodidades, y sobre todo, lo que la hace diferente a todo: su tecnología avanzada para cada aspecto de la vida. Si bien este último punto ya se dejaba entrever en el edificio donde se desarrollaba el Proceso, en este lugar todo se magnifica al estilo Black Mirror.

Por eso, la serie no sólo nos traslada visual y narrativamente del Continente al Proceso y viceversa, sino que al sumar como escenario el espacio de Alta Mar, todo se vuelve más dinámico. Temporalmente, transcurrió un año desde el final de la primera etapa, y se está por llevar a cabo el Proceso N° 105. Pero en esta historia nada es lineal.

No sólo se nos muestra lo que sucede en el presente, sino que también se cuenta lo que vivieron los protagonistas de ambos lados a modo de espejo durante ese año que quedó en el medio, a la vez que se remonta a la época anterior al primer Proceso, en el momento de creación, de origen de este nuevo lugar. Acá se descubren los secretos más oscuros con respecto a la pareja fundadora, sus valores y por qué permitieron que se expandiera tanto la brecha entre los que son elegidos y los que no.

Otra de las cuestiones más destacables en esta segunda temporada es el énfasis en el desorden, la violencia, la angustia y bronca de no pertenecer a ese privilegiado 3% traducido en los enfrentamientos entre policías del Proceso y quien se le cruce en su camino. Además, la religión (tan presente en Brasil) aparece todo el tiempo personificada en el padre de Fernando, quien tiene una fe ciega en el Proceso. Todo esto, de alguna manera, se convierte en espejo y crítica de la realidad.

Elementos que apenas habían sido mencionados o mostrados en la primera temporada, en esta ocasión se desarrollan con muchísima fuerza, lo que le permite a la serie crecer en calidad. Incluso el final de la segunda temporada nos da la pauta de que el universo 3% seguirá creciendo. Esto, sumado a las grandes actuaciones del elenco habitual, la incorporación de una nueva villana despiadada y la vuelta de algunos personajes que creíamos muertos, generan sorpresa y expectativa capítulo a capítulo. 

La moral en juego

Una de las preguntas más interesantes que se plantean los personajes en esta segunda entrega es si están del lado correcto. La Causa es la organización más revolucionaria en contra del Proceso y muchos de sus integrantes tomarían medidas extremas para eliminarlo. Al mismo tiempo, quienes forman parte de Alta Mar creen fervientemente en que sólo pueden ingresar quienes lo merecen y harían cualquier cosa por defender su lugar. En ambos lados, subyacen interrogantes como ¿Cuánta fuerza tiene una ideología política en nosotros? ¿Podemos olvidarla de la noche a la mañana? En el medio, están los cuatro protagonistas que constantemente dudan sobre qué camino seguir.

Rafael, entre ser parte del Proceso o serle fiel a La Causa.

El tiempo pasa y los miembros de La Causa que quedaron en El Continente ya no confían en que Michele y Rafael, los infiltrados, hagan algo desde adentro. Los espectadores mismos dudamos y llegamos a suponer que la vida llena de lujos les hizo olvidar su misión. Los dos personajes, con diferentes motivaciones (Michele, reencontrarse con su hermano y Rafael, serle fiel a La Causa), chocan y entorpecen mutuamente sus caminos para lograr sus objetivos.

En el Continente, Fernando y Joana luchan para terminar con las injusticias del Proceso, pero no están de acuerdo con las formas violentas de La Causa, por lo que tienen un doble desafío. Cuando el destino los lleva a juntarse con Michele y Rafael, tendrán que ver la manera de confiar en el otro, porque las traiciones y mentiras los llevarán a aliarse a las personas equivocadas.

Un laberinto sin fin

En definitiva, esta lucha constante entre qué es lo correcto y de qué lado está cada uno puede resumirse metafóricamente en un laberinto. Pero no cualquier laberinto, sino el que fue diseñado especialmente por Michele. Ezequiel (João Miguel), el líder del Proceso, le había exigido que creara una prueba para sumar al proceso de selección con la promesa de liberar a su hermano André. Este juego tenía la particularidad de cambiar constantemente a medida que uno avanzaba, e impedía repetir patrones de conducta a quienes lo atravesaban. La única forma de salir era cambiando de estrategia en cada movimiento, porque “Sólo es para personas que saben adaptarse”, según Michele.

Ezequiel y Michele en el laberinto sin fin.

Este laberinto es testigo de varias escenas clave y por eso se convierte en la representación de toda la serie. Ninguno de los personajes puede realizar otra vez la misma acción o intenta lograr sus objetivos de la misma manera o con las mismas personas. Queda demostrado que los que sí lo hacen, tienen consecuencias fatales.

De esta forma, cada detalle visual, narrativo, temporal y actoral, por más pequeño que parezca hacen al crecimiento de la serie si se la compara con la primera entrega. Algo que parecía no ser demasiado ambicioso, sobre todo porque contaba con sólo ocho episodios que podían ser tranquilamente maratoneables en un fin de semana, resultó ser una gran apuesta a futuro. Eso sí, borrando bastante las huellas del modo de contar latinoamericano y, como era de esperarse, extendiendo las formas estadounidenses. No es una ficción para conocer la cultura de Brasil. Es entretenimiento, ciencia ficción, y una manera más de imaginar el futuro.

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