#13J Hace un año, no dormí

Redes:

Gabriela Krause

Editora at Géneros
Periodista | Editora de Géneros | Poeta | Feminista | En mis ratos libres sueño con armar una banda disidente | Autora de Alikal & Misoprostol: caja de herramientas para sobrevivir al machismo.
Gabriela Krause
Redes:

Se cumple un año de la votación del proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) en la Cámara de Diputados de la Nación. El 13 de junio de 2018, miles de personas se movilizaron hacia el Congreso y en él permanecieron toda la noche, en espera de lo que culminó siendo la media sanción. Hoy recordamos esa jornada que, aunque no culminó con la victoria en Senadores, fue para todas una pequeña probada de la victoria que sabemos, al final, llegará.

Hace un año, salí de mi casa más tarde de lo debido: quedamos con mi novio en pasar a buscar a su hermanito que, con 13 años, ya sabía que quería movilizarse por el aborto legal. Tuvimos que convencer a su madre, por supuesto. Él también terminó con la cara pintada, una vez que nos encontramos con las pibas.

A diferencia de otras marchas, hace un año fuimos una ronda de pibas mezcladas, amigas de diferentes lugares, viejas y nuevas feministas, más y menos glitter, con y sin carteles. Nos quedamos sentadas, rodeadas de otras mujeres que tal vez nos pidieron que les saquemos una foto. Tal vez nosotras fumamos. La espera fue larga. 

Me acuerdo de haber definido la movilización como el arte agridulce de respirar alegría. Lo comparaba con un partido de fútbol, o un recital, o esos pequeños momentos que vivimos colectivamente, donde la alegría se siente en el aire. Me acuerdo, también, que del otro lado olía a muerte: una pequeña fracción -que después creció- de gente movilizada, gente abogando por el aborto clandestino, gente luchando por mantener el statu quo. Me entrevistaron de ese lado, me acuerdo, y me divertí en una especie de batalla de gallos con una señora que, por supuesto, no pensaba como yo. Me desilusioné cuando supe que la entrevista era un trabajo práctico para la facultad. 

Hace un año, todo verde. Los árboles de la Capital Federal, verdes. Verdes las caras de las pibas cansadas, verdes sus ojeras. Verdes paradas durmiendo aunque sin notarlo. Verdes pilotos. Verdes arrugas de las señoras en la espera.

Verdes.

Verdes las luces de los semáforos que no servían para dejar pasar a los autos de colores verdes, con luces amarillas. Pero verdes. Las veíamos verdes. Todo lo veíamos verde. A nosotras, a las pibas, al hermanito de mi novio con su cartel. Todo verde, intensamente verde, increíblemente verde, espectacular verde que cubría todo todo todo y nos dejaba ciegas de verde, verde color pañuelo, verde color campaña, verde de va a ser ley.

La alegría, como decía, se respiraba en la calle, pero también había como un sabor a victoria anunciada. Ya de por si, el estar votando la ley en la Cámara de Diputados, era un logro. Pero se sentía un paso más. En la energía de las pibas, en su no claudicar frente al frío, en su calor humano, en sus miradas fijas en las pantallas dispuestas, se sentía venir una media sanción. La deseábamos más que nada. La deseábamos verde, victoriosa, con V de voluntario. La deseábamos real. 

Hace un año, recuerdo, no pudimos quedarnos toda la noche en la calle. Había un niño de trece años por llevar y había la ansiedad de quien escribe, que estaba saliendo a un lugar excesivamente habitado por primera vez. Recuerdo que ni la espera del subte, ni nada: tuvimos que tomarnos un taxi hasta Constitución, porque la crisis era más fuerte que todo. Recuerdo haber comido pizza cuando llegamos a casa y que mi novio lleve a su hermanito a la suya. Recuerdo que nos quedamos, mi novio, mi amiga y yo, y que más tarde vino un amigo.

Hace un año, no dormí. No podía. Jugábamos al chinchón y de fondo sonaba el canal de la Cámara de Diputados. Comentábamos entre nosotres los discursos mientras hacíamos malabares por no caer en la locura absoluta. La ansiedad invadía el ambiente, nos mantenía en vilo.

Hace un año, no dormí, y sé que no olvidaré jamás el momento en el que (¿a las diez? ¿diez y media?) anunciaron la media sanción. Abracé a mi amiga Manu como no la había abrazado jamás en mi vida. Con una alegría inmensa, con ojeras, con glitter corrido, con restos de verde en el pelo, con la ropa puesta, con unas pulseritas fosforescentes, con el pañuelo todavía puesto, con cara de no puedo más, con cara de amiga, lo logramos. 

No sé a qué hora me dormí. No fue entonces. Estábamos demasiado ocupadas festejando la victoria, mi amiga y yo. Y sabemos que aunque sólo haya sido media, la sanción fue, y en el futuro, serán las dos. Cuando sea ley, tal vez superemos el abrazo más sentido que nos hemos dado en nuestras vidas. Esa noche, no dormí: entre ansiedad y algarabía, sólo fui un puntito visible entre tantos otros, en la espera. 

Comenta

Print Friendly, PDF & Email